Un día a la vez.



“Carcomido por esta soledad, me veo en un pedazo de vidrio; solo y sin esperanza, me acerco a un rincón a recitar las palabras de un muerto sin amor. Veo mi reflejo y el brillo de mi arma en mi mano, solo cae entre mis dedos mis lágrimas de un gris negruzco y blando; cansado de las burlas, cansado de las miradas. Cansado de ver que todo mi ser ha de caer; tomo mi arma y jalo el gatillo, solo suspiro por un instante, todo termina aquí en este momento, feliz; he de teñir mi cuarto de aquel color que recaen conmigo en estas sombras de miedo y vergüenza, de aquel color que penetra hasta el lugar más vació de mi esperanza y mi convicción de seguir soportando ver a aquella que siempre he amado, junto a él que siempre la besa.”
Despierto, 2.45 de la mañana, mis manos enloquecen, todo aquello hace que recuerde, ayeres más blando ayeres que mentían más y más fuerte en mi cabeza, no sé quién era, no sé qué pensaba, el sol brilla bajo mis manos, los pájaros cantan bajo mi almohada, mi cómoda vibra y quiere que vuele de la cama.
Era real, aún sigo muerto, pero eso no me hace sangrar, ya no la siento, volví en si cuando caminaba por la acera, era ella esperándome en la puerta, con linda blusa de mármol y sonrisa de salmón me miraba lejana, ya no está ya no la encuentro, se despidió antes de que lo hubiera sabido.
Son las 2.35 de la tarde y todo ha vuelto a ser lo de antes, ella en la esquina esperando a que compre un Late y yo sentado, muriendo afligido cada noche que las estrellas me lo dicen al oído, con ese sonido con esa forma sutil de decirlo, ella se desvaneció como yo lo hago en sueños.

Comentarios